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Covid-19 – EL SILENCIO DE “LAS” INOCENTES

Nota de opinión

Covid-19 – EL SILENCIO DE “LAS” INOCENTES

Covid-19 – EL SILENCIO DE “LAS” INOCENTES

Columna de opinión por el Psicólogo Social Victor Castro.

Si bien es cierto que esta columna de opinión debería de haber salido la semana próxima, según asi lo pautado con los Directivos de este prestigioso medio de prensa. (Diario Pná), cabe antelarme y expresarme sobre un profundo dilema que, en encrucijada y sin salida aparente, ahonda mi sistema límbico hasta atravesar la misma amígdala.
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La epidemia del COVID-19 sacudió al mundo, como ya lo hemos sobre leído y comprendido, y además de los aspectos vinculados al virus y su propagación, las medidas preventivas y las prácticas de cuidado encierran una serie de aspectos psicosociales que también es necesario atender, como lo son las situaciones que albergan a las víctimas de VIOLENCIA DE GENERO y Violencia Domestica, en aumento según cifras oficiales en tiempos de pandemia.
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¿Qué implican las situaciones de emergencia en términos emocionales y cómo podemos prevenir sus elementos adversos?, ¿cómo nos cuidamos sin descuidar a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad?, ¿qué podemos hacer para responder a la epidemia de una manera solidaria y con un enfoque comunitario?, ¿con qué recursos contamos para tramitar la emergencia y para abordar situaciones de vulneración de derechos?, ¿cómo debemos manejar la información que circula y qué cuidados debemos tener al respecto? Como atender a estas múltiples miradas y a los diferentes acumulados de investigación en torno al tema. Mucha preguntas que quizás no logremos responder/nos, respuestas que si se quiere, y seguramente con un grado de equivocación, terminemos adjudicando en una total de responsabilidad al Estado o Instituciones que correspondan.
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Ahora, observemos y también pensemos: Si el Estado y esas Instituciones que correspondan están en el trabajo cotidiano ¿Pero porque suben las estadísticas de casos de VIOLENCIA DE GENERO en nuestra provincia, país, continente, mundo?
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La pandemia del COVID-19 afecta la vida, la economía y la salud de la población. A aquellas personas, en particular las mujeres que viven situaciones de violencia en el ámbito doméstico o entorno cercano, la situación de distanciamiento social las coloca en mayor riesgo, especialmente cuando hay personas a su cargo. El confinamiento puede incrementar las tensiones en la vida familiar o el surgimiento de actos de dominio y control por parte de familiares o parejas violentas.
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Las situaciones de cuarentena obligatoria tienen efectos sobre la salud mental y pueden provocar sentimientos de frustración, ansiedad, angustia, estrés como consecuencia de la incertidumbre el temor al contagio y los impactos económicos, sin por ello intentar justificar un acto tan aberrante, sino tratando de contextualizar esta fenomenología psicosocial. Por lo tanto, en este contexto, además de seguir las indicaciones sanitarias para evitar la transmisión del virus, nos recomiendan que es importante mantenerse informado a través de fuentes confiables que incluyan orientaciones psicosociales y, en la medida de lo posible, mantener actividades y momentos de recreación. Tener información de calidad disminuye los niveles de ansiedad y nos permite tener una mayor comprensión de la situación para adoptar decisiones responsables, evaluar riesgos y consecuencias.
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En varios estudios psicosociales observamos la construcción social y cultural de las “Masculinidades” – Los varones suelen exponerse a situaciones de riesgo y no cuidar de su salud. Muchas veces tienen dificultades para manejar -de manera adecuada- las emociones y los conflictos interpersonales. Es importante saber que: – Los varones son quienes ejercen mayor violencia en la sociedad y en el ámbito doméstico y en las relaciones afectivas. – Son quienes están en mayor riesgo de tener muertes violentas o de provocarlas. – Como demostración de la masculinidad hegemónica toman riesgos que afectan la salud y la vida – En general, el mundo emocional resulta ajeno para muchos varones.
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Además, somos resultado de una serie de in-movimientos socio-educativos que parecen no reactualizarse, sin si quiera citar a aquellos que producto de equivocadas políticas de diagnóstico, no han cursado o no han podido cursar, por múltiples situaciones, quizás ajenos o con intención, sus estudios preparatorios (primaria / secundaria), lo que marca de manera casi conducente y pre-calificable el hecho de que estas situaciones de crisis económica, tengan efectos en el estado emocional (depresión, enojo, frustración) y esto se traduce, muchas veces, en el ejercicio de la violencia hacia sus parejas, ex parejas y familias. Aunque la violencia machista esté instalada en la cultura, es responsabilidad de cada uno no ejercerla. Si tienes problemas con el manejo del enojo o antecedentes de violencia, puedes pedir ayuda, hay servicios especializados para apoyarte. Si ejerces violencia contra tu pareja o familiares o piensas puedes ejercerla, debes tomar distancia de las personas a las que puedes lastimar – pero recordar estas cuestiones parece ser un “chiste negro” donde lo obvio pasa por estúpido.
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Señores y Señoras el Estado dice estar presente! Las denuncias sobre VIOLENCIA DE GENERO y VD, pueden formularse llamando al 144, que es la línea nacional de atención, contención e información sobre violencia de género; al 0800 888 8428: de la Dirección de Asistencia a la Víctima de la provincia (ER); al 911: línea de la Policía de Entre Ríos; al 343 4208826 (Subsecretaría de la Mujer); y al 102: teléfono del Niño, la Familia y Guarda de Atención y desde el mes de Abril de este año, la Oficina de Violencia de Género del Poder Judicial de Entre Ríos sumó una herramienta para hacer denuncias, pero sin salir de casa: un formulario web que contiene la misma información que se exige en la Policía o en la justicia. La planilla, una vez completada por la denunciante, llega a un correo electrónico de la Oficina, que notificará a las autoridades competentes. (Link del formulario: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSc87QrWbju-hmbrg383dKIEgkjLZyYqABJpv925YG3n7IgOng/viewform) – Pero será suficiente? Todos, sin exceptuar diferencias en el nivel socio-educativo y cultural, estaremos al alcance de estas respuestas propuestas? Un gran dilema, que me predispone a pensar.
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Pensar y repensarme, investigando y contextualizando las preguntas y algunas de las situaciones propuestas. Y me vuelvo a repreguntar: ¿qué podemos hacer para responder a la epidemia de una manera solidaria y con un enfoque comunitario, cuando los índices de Violencia de Genero suben – suben y suben?
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Reflexionemos, como podemos cuidarnos como humanos para no ser víctimas de situaciones que involucren a la Violencia de Genero o VD. Es hora ya de sentirnos responsables, no podemos seguir habilitando estos fenómenos desagradables, donde la víctima o las victimas pasan por sentimientos de temor, angustia, dolor, alejadas de un buena percepción de la realidad todo lo que viven lo traducen en “silencio”, silencios que DICEN!!
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No consideremos al silencio como una ausencia de comunicación, por el contrario, es un medio de expresión que se emplea muy eficazmente cuando las palabras no bastan. Interpretar un silencio, lo no dicho, está estrechamente ligado a pre-construidos socioculturales, con base en los cuales el contexto situacional del discurso de cada emisor puede ser interpretado.
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El silencio es un rasgo paralingüístico recurrente en el discurso de mujeres víctimas de violencia género, doméstica y física, que han sido agredidas por su pareja sentimental (entiéndase esta última al esposo, concubino, con quien sostenga relación de amasiato o de noviazgo), esto fundamentado por informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2017). Para los autores Xiao Qi y Wang Zexinag (2007) existen dos tipos de silencio, uno de ellos corresponde a aquel que tiene una variedad de significaciones, el que encierra un lenguaje, una evitación que engloba violencia, angustia y burlas, por lo que el habla es expresada con la finalidad de cubrir lo anterior, el segundo es el silencio mutual, representa a aquel que no emite sonido alguno, descrito también por Alina Lemak (2012) como la ausencia o períodos de no habla, marcado prosódico o simplemente denota pausas necesarias para cuando se dice algo. Otra definición del silencio es brindada por Leoncio Taipe Javier (2016), quien lo define como un lenguaje utilizado para regular emociones y captar las informaciones coherentes en la asimilación oportuna y adecuada de los conocimientos en el proceso de comunicación. En otro término, las palabras de Beutler, Moleiro y Talebi (2002) refieren que el silencio puede ser una manifestación de resistencia, la negativa a comunicarse expresada como una forma extrema de rechazo que surge cuando los hablantes perciben una amenaza.
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Por ello te invito a la reflexión, pensemos en lo “micro” y colaboremos en la actuación de lo “macro”, en lo que nosotros mismos podemos contribuir con el “exterminio de estas actuaciones primitivas y sin control aparente” – Ya no creo necesario esperar el “grito de pedido de ayuda” de una víctima, ya no es necesario si comprendo que también, victimas de lo contextualizado por la violencia de género pasan por diferentes estados emocionales: miedo, ausencia, temor, incertidumbre, aislamiento, todo aquello que de alguna forma esta confinada a callar, pero el silencio también Habla!!

#YoMeCuido#YoTeCuido #NosCuidamosEntreTodos #CuidarteEsCuidarnos #TeCuidasVosMeCuidasAmí

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